14.1.14

ESCALERA TABICADA AL AIRE (II)

4.- El Arranque
Terminado el replanteo y preparados los materiales, se levanta una pequeña zapata de fábrica en el arranque de la escalera. La misión de este elemento es servir de contención de los esfuerzos horizontales que genera el primero de los tramos en su extremo inferior. En este caso se construyó con ladrillo hueco doble, ya que los esfuerzos previstos no eran excesivos: el primer tramo era de sólo tres tabicas.
La zapata se recibió con yeso al soporte, en este caso una solera de hormigón.
El recibido de este elemento hubiera debido hacerse con mortero de cemento, por motivos evidentes; no se hizo así para facilitar y abreviar el comienzo del resto de los trabajos, ya que lo que se pretendía estudiar era la técnica de colocación de la rasilla.
Sobre la traza curva marcada en el muro solía hacerse una pequeña roza, de modo que fuera posible empotrar en ella al menos un canuto de la rasilla. La intención de esta roza era doble, ya que ayudaba a la sujeción provisional de la rasilla durante la ejecución y facilitaba la transmisión de los esfuerzos de la lámina al muro y el trabajo conjunto de ambos, sin fisuraciones, una vez terminada ésta. En este caso se decidió no hacer roza alguna por los motivos antes mencionados.


5.- La primera rosca
La primera rasilla que se coloca, como es lógico, es la que apoya en la esquina entre el muro y la zapata. El albañil toma una pieza y estudia su curvatura, para colocarla a favor de la curva principal del tablero. Después unta de yeso la rasilla seca por sus dos caras de apoyo; aplica el yeso con el paletín, dejando en cada cara un volumen de yeso que forma, en sección, un triángulo equilátero. Coloca la pieza con un movimiento rápido y la golpea con el paletín de forma seca, ajustándola al ángulo en el que apoya. Hecho esto, y sin mover la pieza en ningún momento, la sujeta con un dedo o con la punta del paletín durante unos segundos, retirando el apoyo cuando la pieza se sostiene por sí sola.
Este proceso se repite en adelante en todas las piezas de la primera rosca. Normalmente las rasillas se colocan a matajunta, por lo que es necesario cortar una de cada dos piezas en el arranque. Si la curvatura del tramo acabase forzando a que las juntas de dos rasillas contiguas estuvieran alineadas sería necesario cortar también una pieza intermedia para evitar esa alineación de las juntas.
El orden de colocación de las rasillas es fundamental para la estabilidad de la primera rosca durante su ejecución. Se colocan primero las rasillas pertenecientes a las hiladas más próximas al muro, que deben irse complementando con las siguientes, tal como ilustra la imagen. De este modo cada rasilla colocada descargará provisional-mente no sólo sobre las piezas sobre las que apoya directamente sino, además, sobre todas las de las hiladas anteriores.
Como se ha comentado en el apartado dedicado al replanteo, en este tipo de escaleras sólo se marca sobre el muro la curva exterior, nunca la interior. Se trata de curvas diferentes, bordes de una superficie no reglada. El albañil cuenta sólo con las tres líneas antes marcadas, y debe ejecutar una superficie que las contenga.
Por ello coloca cada pieza de la primera rosca siendo consciente dónde arranca cada hilada y dónde ha de morir.
En el caso del primer tramo de este ejemplo, la hilada interior A’C arranca, al igual que la exterior AB, en la zapata, pero se empotra en el muro algo más arriba que ésta. El oficial no emplea ningún elemento de replanteo para trazar la hilada interior; ningún camón, ninguna cercha. Simplemente va inclinando ligeramente cada hilada desde que empezó la primera para aproximarse al replanteo marcado.
Ha colocado las piezas a sentimiento, siendo consciente en todo momento de que es la posición de cada pieza lo que debe dotar de cierta curvatura a la lámina en todas las direcciones.


Llegados al final del primer tramo, el oficial remata la primera rosca contra el muro de apoyo. Para ello es necesario cortar, lógicamente, las últimas piezas.
La tangente a la curva principal del tablero en el remate suele ser horizontal, no tanto porque mejore el funcionamiento de la estructura como porque minora el volumen de relleno necesario y posibilita que el arranque del segundo tramo, aún siendo curvo, no fuerce a una excesiva diferencia entre las cotas de arranque de las hiladas interior y exterior.
El segundo tramo se arranca montando sobre el inicial. La primera rasilla que se coloca es, igual que en el caso anterior, la que apoya en la esquina entre el muro y el primer tramo. La pieza monta sobre el vivo superior del tablero, tal como se aprecia en la imagen, para evitar problemas de deslizamiento.
Varios alumnos quisieron colaborar en la ejecución de la primera rosca del tablero. En algunos casos, el oficial les tendió una rasilla húmeda, que intentaron colocar sin éxito. Pudimos así comprobar cómo el yeso no es capaz de sujetar la cerámica húmeda -por otra parte más pesada- ya que el agua que ésta contiene hace deslizar la pieza en la superficie de contacto.


6.- La segunda rosca
Al tiempo que avanza con la primera rosca, el oficial puede ir detrás pasando la segunda. En función de la unidad que estemos construyendo, tal vez sea necesario pasar segunda y sucesivas casi inmediatamente después de la primera, ya que al avanzar demasiado con ésta podríamos impedir el acceso a la zona en la que hay que colocar las siguientes. Las roscas segunda y sucesivas deben cumplir una única condición: montar siempre sobre hiladas ya cerradas de la primera rosca. Lo contrario podría comprometer la estabilidad provisional del sistema.
En el ejemplo que se construyó pudimos montar inicialmente toda la primera rosca, ya que el pequeño tamaño de la escalera no iba a impedir el acceso a ningún punto. La segunda rosca, además, no se montó completa, de modo que se pudiera apreciar también la primera. El mismo criterio se siguió con el peldañeado, que se dejó incompleto.
Decidimos superponer tan sólo dos roscas de ladrillo. Tradicionalmente se montaban tres roscas, con aparejos contrapuestos; seccionando cada junta de un aparejo de este tipo puede advertirse una suerte de machihembrado en la vertical.
La suma de roscas, así, no sólo dota al tablero de una sección razonable sino que evita además problemas de deslizamiento entre piezas, al modo de los arcos dentados.
En nuestro caso la segunda y última rosca se ejecutó con la misma rasilla que la primera, en este caso húmeda, colocada ortogonalmente a las piezas de la primera rosca y buscando, como es lógico, matar las juntas. Para ello fue necesario romper al menos las piezas de borde de una de cada dos hiladas.


La rasilla húmeda se tomó también con yeso. En la segunda rosca tanto la preparación de éste como la colocación de las piezas requiere menor precisión. El yeso se aplica en la tabla de la rasilla, no necesariamente en testa y canto, o se tira directamente sobre la primera rosca bajo la zona que vamos a recibir. Cada pieza se coloca con un ligero restregón, que permite conseguir el grueso de tablero necesario y rellenar parcialmente llagas y tendeles. La humedad de la rasilla posibilita en este caso que el yeso seque de forma más lenta, lo que mejora la unión entre ambas roscas.
La última rosca se complementa siempre, en la zona de encuentro entre el primer y el segundo tramo, con una pieza que forma una boca de pato o media caña (una curva cóncava, en suma) a lo largo de toda esa línea, tal cómo ilustra la figura. Todas las roscas anteriores se han ejecutado, como se hizo con la primera, montando en ángulo la pieza del segundo tablero sobre el vivo superior del primero.
En el encuentro entre los dos tramos se coloca una línea de rasilla más, centrada y perpendicular a la bisectriz del ángulo que forman. Esta línea se remata con abundante yeso y cascote, intentando eliminar el ángulo para crear en esa zona una curva cóncava (contrariamente a todas las anteriores) sobre el tablero.
La nueva curva es parte esencial de la geometría definitiva del tablero. La intención de este elemento es colaborar a transmitir correctamente las tensiones de las curvas convexas superior e inferior. Sin la nueva hilada el tramo superior descargaría de forma lineal en el tramo inferior, algo que no resulta muy conveniente en estructuras de fábrica. La función de esta curva es desplazar esa responsabilidad estructural, en lo posible, al total de la superficie del tramo inferior y al muro de borde.

Julián García Muñoz - Carlos Martín Jiménez