2.5.13

ALBENDA

Albenda
Las protecciones del hueco
2 Albenda
3 Hoja practicable
4 Postigo. Contraventana. Abatidor
5 Pernicho. Puertaventana
7 Cuarterón. Lucero
8 Celosía
9 Romanilla. Mucharabí
10 Persiana Mallorquina
11 Librillo
12 Persiana de cuerda. Persiana enrollable. Bombo. Capialzado
13 Lamas. Frailero
14 Veneciana
15 Guardamalleta
16 Brisoleil. Parasol
17 Cortina. Colgadura. Galería. Alzacortinas. Visillo
18 Estor
19 Guardapuerta. Antepuerta. Sobrepuerta
20 Portier. Mampara. Pleita
21 Compuerta
22 Cancel
1 Las transformaciones de la ventana podrían dibujar la historia de la arquitectura de este siglo. Han cambiado sus formas, sus materiales y sus proporciones en la fachada. Pero la transformación más radical ha sido probablemente la que ha supuesto la pérdida de todos sus complementos. La ventana se ha desnudado de todas sus protecciones hasta quedar reducida a un mínimo y escueto acristalamiento.
Los complementos de la ventana burguesa formaban a fines del XIX un completísimo paquete de recursos con los que podía diseñarse el filtro más adecuado para cada estación, cada actividad, cada momento del día.
2 Albenda, la voz que encabeza este artículo, nos recuerda uno de los más modestos, pero también uno de los más eficaces recursos para la protección del hueco: la cortina de lino dispuesta en el interior de la ventana para reflejar la radiación solar e impedir su paso hasta el interior del edificio gracias a su trama y color (recuérdese que el efecto invernadero sólo afecta a la radiación emitida por el cuerpo y no a la reflejada). La RAE la define como una «colgadura de lienzo blanco usada en lo antiguo, con adornos a manera de red o con encajes de hilo...». Su origen está en la voz árabe de estandarte o bandera. Bien, puesto que todos estos temas han sido tratados ya en el primer tomo de esta serie, La protección solar, aquí sólo comprobaremos el paralelismo entre la reducción de esos complementos del hueco y la de nuestro vocabulario para referirnos a ellos. Este capítulo recorrerá todas las protecciones perdidas, o ignoradas, y reivindicará un análisis más serio de las exigencias del hueco en la cultura y en el clima mediterráneos.


3 Pero procedamos ordenadamente y acerquémonos a esa ventana de nuestros abuelos. Imaginemos una ventana acristalada formada por una o más hojas practicables, es decir, que pueden abrirse. El acristalamiento permite la generosa entrada de luz pero el primer complemento será el que haga posible el oscurecimiento de la habitación.
La solución son unos tableros de madera que se articulan sobre la misma hoja y que tapan los vidrios. Pueden disponerse por dentro o por fuera de las hojas. Si bien la disposición interior es más cómoda para la manipulación de la hoja, la exterior proporciona más seguridad para el vidrio. Los diccionarios son confusos a la hora de distinguir entre las voces que se utilizan para nombrar ambas soluciones, pues se alternan las voces que las localizan en el exterior y las que las sitúan en el interior, o bien se muestran ambiguas al respecto.
4 Postigo es la voz más interesante y la más claramente localizada en el interior de la ventana, (del latín postícum, formado con post, detrás).
Sin embargo, para muchos es sinónimo de contraventana, que, aunque para Matallana debería estar siempre en el exterior, para la RAE tanto puede estar dentro como fuera del vidrio. Se usa menos, pero es también interesante, la voz *abatidor, que alude al gesto del tablero que cae sobre la luz reduciendo su intensidad. El abatidor puede utilizarse también como captador de luz si su intradós está forrado de un material reflectante y si el giro se hace de manera que se pueda conseguir la reflexión adecuada. Las estrechas calles del casco antiguo barcelonés todavía tienen testimonios de esos viejos reflectores.


5 El postigo tenía muchas otras funciones además de las ya referidas de oscurecimiento y protección del vidrio: reducía notablemente las pérdidas térmicas nocturnas al formar una cámara de aire con la hoja y contribuía eficazmente a la protección acústica y a la seguridad. El Torroja cita *pernicho como sinónimo de postigo y la RAE considera puertaventana como idéntica a contraventana.
6 Cuando hoy hablamos de una ventana corredera nos referimos siempre a la hoja que se desplaza en su propio plano, pero originalmente la corredera era «la tabla o postiguillo de celosía que corre de una parte a otra para abrir o cerrar» (RAE). Matallana confirma la antigüedad de esta acepción: «tabla que se corre para cerrar una puerta o ventana».


7 En las buenas carpinterías, y para poder controlar mejor la iluminación, se podían abrir algunos elementos móviles dentro de la hoja del postigo.
Se les llama a veces cuarterón porque se trataba de uno de los paneles del mismo nombre que formaban el postigo. Antiguamente era habitual hacer practicable un cuarterón de los más altos del postigo de manera que se conseguía una eficaz entrada de luz sin pérdida de la intimidad. A ese elemento se le llamaba también lucero, por razones evidentes: «postigo o cuarterón de las ventanas por donde entra la luz» (RAE).
8 Como ha podido adivinarse, el principal inconveniente del postigo o contraventana es su radicalidad. Cuando está cerrado no entra nada de luz y no se percibe lo que pasa en el exterior. Un elemento bellísimo va a resolver el problema permitiendo matizar el exceso de luz y ver sin ser visto: la celosía (de celos) o «enrejado de listoncillos de madera o de hierro que se pone en las ventanas de los edificios y otros huecos análogos para que las personas que están en el interior de la casa vean sin ser vistas» (RAE). La celosía, jemesía dice algún vocabulario, es la solución por excelencia para un hueco de planta baja que se abre a un espacio público, pues permite una perfecta combinación de intimidad, visión y ventilación.


9 Cuando la celosía forma un paramento horizontal de cierta longitud se llama romanilla, «cancel corrido a manera de celosía que se usa en las casas de Venezuela, principalmente en el comedor» (RAE), y cuando cierra por completo todos los paramentos de un balcón o mirador se llamaba ajimez (del árabe: lo expuesto al sol), pero este nombre se ha trasladado modernamente a la ventana geminada (P), que veremos en otro lugar. Para el Torroja la voz *mucharabí es sinónima del antiguo ajimez: «balcón que sobresale al exterior, cubierto por celosías de madera».


10 Pero la celosía presenta la incomodidad de impedir una relación directa con el exterior, pues forma una especie de reja difícil de admitir en muchos locales contemporáneos. Su sustituto es la persiana, la celosía que puede retirarse del hueco e incluso graduar su opacidad: «especie de celosía compuesta de un bastidor con varias tablillas movibles de modo que entre el aire y no el sol» (MT). El sistema de manipulación da nombre a los diversos tipos de persianas: la más tradicional es la que se forma disponiendo tablillas inclinadas dentro de una hoja practicable y que en algunos lugares se llama ‘mallorquina.


11 Para ocupar menos espacio se utilizó mucho a fines del XIX el plegado de varios marcos verticales hacia los lados del hueco; se trata de la persiana de *librillo que caracteriza la vivienda de nuestros ensanches: «se aplica a la hoja de una puerta o ventana que se dobla girando, y en la cual hay otra colgada que gira igualmente que ellas superponiéndose esta parte de la hoja a la otra» (MT). Es una pena que la RAE sólo reconozca el librillo del papel de fumar.
12 En construcciones anteriores o en ambientes rurales, la persiana estaba casi siempre formada por tablillas sin marco, unidas por cadenillas o alambres que permitían el enrollado del conjunto en la parte superior del hueco. Es la tradicional persiana de cuerda. A partir de los años veinte se difunde en ambientes urbanos la persiana enrollable manipulable desde el interior con una cinta y con recogida oculta en un *bombo o cajón situado bajo el dintel. Lo que en Madrid, por desplazamiento del derramo volteado en el dintel, se denomina capialzado (el significado de esta voz se estudia en el capítulo Telar).


13 Las tablillas a que nos estamos refiriendo eran de madera pero hoy se están construyendo con plásticos (PVC) o con aluminio, y se suelen llamar lamas. Si las lamas son fijas, como hemos supuesto hasta ahora, el control de la luz y la visión serán escasos. Para poder ver el exterior sin abrir por completo la persiana se utilizó una solución que recibe el nombre de frailero. En realidad es un nombre genérico para todos los elementos practicables dentro de una hoja que también lo es. Incluiría por lo tanto el cuarterón, pero el frailero se ha identificado un poco más con los elementos de celosía o de persiana. Pueden verse fraileros en persianas de cierto tamaño y sobre todo en celosías fijas.
14 Pero para conseguir un control completo de la luz y la visión, tendremos que recurrir a las persianas de lama móvil. Algunas son idénticas a las descritas como de marco practicable o de librillo, pero otras aportan soluciones especiales, como la *veneciana. Se trata de una persiana formada por tablillas muy finas colgadas de unos hábiles cordoncillos que permiten tanto el apilado de las lamas en la parte superior de la ventana como su libre orientación en cualquier posición del desplegado.
Esta persiana ha sido muy utilizada en el Levante y el sur de España. Hoy está encontrando un nuevo desarrollo con las modernas lamas de aluminio y los sistemas mecánicos de plegado.


15 La veneciana se recogía en el dintel tras una pieza muy ornamentada: la guardamalleta, una lámina de madera calada, chapa perforada o, incluso, de fundición. El abandono de la persiana veneciana y el mal trato recibido por algunas bellísimas guardamalletas son un contrapunto penoso en el precioso entorno del valenciano Paseo de Ruzafa. Resulta incomprensible que no se haya encontrado en esta ciudad una manera de resolver unas protecciones contemporáneas de manera que puedan recogerse en el cajón ya conformado por la guardamalleta en vez de superponerse groseramente al mismo, como se hace con frecuencia.
16 No podemos cerrar las protecciones contra el sol sin mencionar el galicismo *brisoleil. No lo citan muchos diccionarios pero se usa con bastante frecuencia por influencia de la arquitectura del Movimiento Moderno, que utilizó elementos constructivos como vuelos horizontales o paramentos verticales para impedir que el sol llegase a las ventanas. Aunque para ese papel ya tenemos el castellano parasol, éste se ha asociado demasiado a quitasol o sombrilla. Es previsible, pues, que se consolide el éxito del brisoleil, pero no es deseable que amplíe su campo a variantes de la persiana que tienen nombres muy específicos en nuestro idioma.


17 A estos elementos constructivos se añadían otros de carácter más doméstico, como las pesadas cortinas que complementaban definitivamente la protección nocturna contra el frío, o como los inefables visillos que matizaban la transparencia de los vidrios. Los tejidos han tenido una misión protectora más importante de lo que hoy creemos. María Moliner, cuando los define, hace mención a ello (cortina: «pieza de tela que se cuelga como adorno o para abrigo»; colgadura: «tela que se pone colgando para adorno o para evitar el paso del aire»). Las eficaces cortinas penden de unas guías ocultas tras una caja de madera forrada de tela, la galería, y se recogen lateralmente con el alzacortinas, que cuelga de un gancho fijo a la pared. El visillo, por fin, impide la visión desde el exterior y tamiza la luz.
18 En la actualidad se ha añadido el estor, anglicismo ya reconocido por la Real Academia como la «cortina de una sola pieza que se recoge verticalmente ». Se utiliza esa voz sobre todo para designar las cortinas de tejido con una trama tal que permite la observación del exterior y sin embargo protegen notablemente de la radiación solar. Generalmente se enrollan en la parte superior del hueco, tal como especifica la RAE, y pueden colocarse en el interior o en el exterior del edificio.
19 Los diccionarios recogen voces como guardapuerta «cortina que se pone delante de una puerta» (RAE); *antepuerta, es sinónima para María Moliner pero no para la RAE, que únicamente la entiende como la segunda puerta de una fortaleza; o sobrepuerta, la «colgadura en forma de volante que se pone sobre las puertas» (MM). Pero la voz que merece ser recordada por encima de todas ellas es la bellísima albenda, que da nombre a este capítulo.
20 Incluso se aceptan voces como la de origen francés portier: «cortina pesada y lujosa, de las que se colocan delante de una puerta o balcón» (MM). O una de las acepciones de mampara: «segunda hoja de puerta que se pone aplicada a la principal y suple a ésta cuando queda abierta por algún tiempo, formada generalmente por un bastidor de tela o piel, oscilante», según María Moliner. No querría olvidar las viejas persianas de esparto que he visto en tantos pueblos y que están hechas con tiras de pleita, «faja o tira de esparto que cosida con otra forma esteras» (MM).


21 El diseño de las hojas practicables de las puertas y ventanas también se ha simplificado mucho. Por lo que se refiere a las puertas tradicionales las había que se abrían en dos mitades superpuestas, como lacompuerta: «media puerta que cierra solamente la parte inferior de alguna entrada, sólo para impedir el paso fácil de personas o animales, sin interceptar el de la luz. En una puerta partida horizontalmente en dos partes que pueden moverse independientemente, la parte inferior» (MM).
22 La puerta principal exige soluciones más complejas. Uno de los elementos más interesantes es la doble puerta como protección de la intimidad o contra la corriente de aire. Hoy utilizamos soluciones de este tipo, pero pocos recuerdan qué es el cancel: «dispositivo añadido a una puerta para evitar las corrientes de aire dentro del recinto cuando ésta se abre; por ejemplo, el formado por un techo y tres paredes, con puertas en las dos laterales» (MM).
23 Pero además todos esos filtros pueden interponerse a voluntad: en todo momento puede el curioso asomarse al exterior; el que limpia puede ventilar la habitación; o el somnoliento, encerrarse en la más absoluta oscuridad. Todos esos inteligentes filtros son graduables u orientables.
La falleba alargada fija la distancia entre las hojas entreabiertas y permite ventilar sin perder la protección que proporcionan. Las persianas de cuerda se proyectan por fuera de la barandilla del balcón para que el aire pase por detrás de ellas. Una hoja de librillo se despliega, la otra quizás no, para formar una pantalla frente a un sol que cae lateralmente. Las lamas de las persianas movibles se orientan abriendo las inferiores para que entre más luz sobre el plano de trabajo mientras que las más altas quedan semicerradas para proteger del sol, permitiendo sin embargo una refrescante ventilación. Visillos y cortinas se pliegan, levantan, pellizcan y recogen para conseguir la luz e intimidad deseadas.
24 No será fácil que los sorprendentes vidrios que hoy se nos anuncian consigan esa ductilidad en su papel de filtro y protección; nunca podrán ofrecer esa sutilidad de matices para que clima, sol, luz, vista e intimidad se conjuguen para la mayor satisfacción de un individuo que en un momento específico del día y del año, en un estado anímico particular, realiza una acción concreta. La normativa, que siempre llega del frío porque siempre se mueve por los caminos que se le señalan en el norte de Europa, difícilmente nos llevará a mejorar ese equipamiento de nuestras ventanas. El uso de contraventanas correderas, de venecianas entre carpinterías dobles, de las todavía caras venecianas orientables en cámara de vidrio y otros muchos recursos convencionales serán fructíferos durante muchos años.
25 En cualquier caso sí se debe tener en cuenta que la elemental lámina de vidrio que estamos usando con tanta liberalidad supone un gravísimo retroceso respecto a las protecciones convencionales. Estamos recurriendo a vidrios carísimos en situaciones en las que la sencilla albenda nos ofrecería una solución eficaz por la calidad de la luz que la atraviesa, por su altísima reflexión de la radiación infrarroja (que reduce radicalmente el efecto invernadero), porque es útil tanto con la ventana abierta como cerrada, por la facilidad con la que puede abrirse, o entreabrirse, cuando interesa captar la radiación. Recuerden, albenda: cortina de lino...

Ignacio Paricio