25.6.13

ESPAÑOLETA

Españoleta. Los herrajes de la carpintería
2 Quicio. Quicialera
3 Pivote. Gorrón. Tejuelo. Rangua
4 Tranca. Talanquera. Trenca. Alamud. Aldaba
5 Aldabilla. Tarabilla. Colanilla. Trinquete
6 Picaporte. Nariz. Grapón
7 Golpete
8 Retenida. Compás
9 Bisagra. Fija. Charnela. Charneta. Alguaza. Pasador. Espiga. Pala
10 Gozne. Gonce. Pernio. Puerca
11 Golfo. Chaveta. Gobio
12 Tirador. Manija. Manilla. Manigueta
13 Pestillo. Cajetín. Cerradero. Resbalón. Golpe y llave
14 Fiador
15 Españoleta
16 Falleba. Cambrón. Armella. Cachaba
17 Cremona. Uñero

1 Las carpinterías que cierran los huecos plantearon un problema difícil a la construcción: introducir en la obra, sólida y trabada, unos elementos de otro orden que debían ser fácilmente practicables, tenían que poder cerrarse para proteger y abrirse para comunicar, y todo ello con la mayor facilidad para poder ser mil veces repetido. Al parecer el problema debió ser muy serio y el mecanismo parece que fracasó con frecuencia, o por lo menos así parece sugerirlo la cantidad de expresiones de uso común que se asocian al fallo de la practicabilidad de las carpinterías. Veremos algunas de esas expresiones más adelante.
2 Los primeros sistemas para conseguir que un tablero girara sobre uno de sus lados abriendo y cerrando la puerta o ventana consistieron en prolongar el larguero correspondiente e introducirlo por arriba y por abajo en sendos agujeros practicados en el umbral y en el dintel. Esos agujeros se llamaban quicios o quicialeras. No nos sorprenderá, pues, comprobar las terribles consecuencias de “sacar de quicio” algo a alguien. También es evidente que una persona “desquiciada” no puede funcionar correctamente. El quicial pasó a ser el larguero que sobresale del tablero, y por el momento dejaremos aquí su evolución, que trataremos con los elementos móviles de la carpintería, dentro del capítulo titulado Fayanca.
3 En este apartado estudiaremos únicamente los herrajes de esas carpinterías. Empezaremos por el herraje que sustituyó al quicial: una escuadra metálica que se clava al larguero y al montante inferior de una puerta y que, cerca de su ángulo, lleva una pequeño cono, el pivote o gorrón, que entra en un agujero del suelo, el tejuelo o rangua. El Torroja explica perfectamente el mecanismo cuando define el pivote: «herraje para el giro de puertas muy pesadas que, en forma de escuadra o estribo, abraza el montante quizial y con un pezón o saliente que, introducido en la rangua empotrada en el umbral, permite dicho giro».
4 Ya tenemos un tablero capaz de girar sobre uno de sus lados; ahora se trata de conseguir que se quede cerrado aunque se ejerzan violentos esfuerzos desde fuera. Para ello la primera solución es la tranca, *talanquera o *trenca: la estaca que asegura puertas y ventanas pasando por detrás de la hoja y empotrándose en las jambas. A veces es una barra de hierro, y en ese caso se le llamaba alamud o aldaba, aunque esta última voz se ha hecho más común para nombrar el llamador.


5 Las versiones más sencillas de esos pasadores de cierre son la aldabilla, «una pequeña pieza de madera o de hierro que se sujeta por el centro, de manera que pueda girar, en los marcos de las puertas o ventanas, para sujetarlas cerradas» (MM). Es lo mismo que la tarabilla, un zoquetillo de madera que gira sobre un clavo central, mientras que en la colanilla el movimiento es de desplazamiento: «pasadorcillo con que se cierran y aseguran puertas y ventanas» (RAE). En Andalucía se la llama también trinquete, según el diccionario.
6 Todos estos elementos permitían manipular la puerta desde dentro, pero para que pudiese ser accionada también desde fuera tuvieron que llegar los picaportes: «dispositivo que sirve para mantener cerrada una puerta; consiste en una pieza alargada de hierro sujeta a la puerta por uno de sus extremos por una varilla que pasa al otro lado de la puerta y en la que se inserta la manivela con que se acciona desde ese lado; la pieza principal se mantiene en la posición debida mediante una grapa clavada en la puerta, dentro de la cual esa pieza puede moverse para encajar en otra pieza en forma de nariz clavada en el marco, o salir de ella». Esta definición tan completa de María Moliner incluye otras acepciones de uso frecuente: una, reduccionista, pues llama picaporte sólo al herraje con que se acciona el mecanismo desde el otro lado de la puerta; la segunda está justificada por la composición de la voz, pica-porte, y la confunde con la aldaba: «pieza de metal que se coloca en las puertas para golpear con ella para llamar». El diccionario citado define también la nariz, «hierro en forma de nariz donde encaja el picaporte o el pestillo», y el *grapón, «pieza de hierro de forma de grapa dentro de la cual se mueve el picaporte con que se cierran las puertas».
7 Otro problema es sujetar la ventana o puerta abierta para evitar que golpee. La tradición nos ofrece una gran variedad de herrajes, pero el diccionario de la RAE sólo incluye una voz: el golpete, «palanca de metal con un diente, fija en la pared, que sirve para mantener abierta una hoja de puerta o ventana». Sin embargo, los mecanismos son muy variados. Unos se fijan a la fachada, y entre ellos los hay muy cortos, que únicamente sujetan la hoja cuando está completamente abierta, mientras que otros son unos ganchos de cierta longitud que permiten posiciones intermedias. Otros mecanismos, más raros en España, se fijan a la hoja y tienen unas perforaciones o dientes para sujetarse momentáneamente al marco de modo que hacen posibles diversas aberturas.
8 Los países anglosajones tienen una rica variedad de diseños de elementos de este tipo, y todos ellos se pueden englobar también dentro del nombre genérico de retenidas, probablemente más apropiado que el académico golpete, que puede confundirse con los actuales mecanismos de golpe que veremos más adelante. En nuestros días la voz más utilizada es compás, un mecanismo formado por dos varillas articuladas que se abre con la hoja y limita el ángulo de giro de ésta. La ventaja del compás es que se aloja en el juego de marco y hoja, y queda oculto cuando la ventana está cerrada.


9 Pero volvamos al giro de la hoja; hoy ya no existe el quicial y apenas se conoce la rangua en la construcción rural castellana. Los mecanismos de giro son ahora siempre las bisagras, fijas, charnelas, charnetas o, incluso, alguazas (frecuente en Aragón). Respecto al término bisagra María Moliner ofrece la siguiente definición: «pieza formada por dos planchas metálicas articuladas entre sí con que se sujetan dos piezas o dos partes de una cosa, que, a su vez, deben ir articuladas; por ejemplo, una puerta o ventana y su marco». Generalmente la articulación se logra alrededor de una varilla central que se llama pasador o espiga, y cada uno de los dos elementos articulados son las palas.


10 Gozne se usa como sinónimo de bisagra pero creo que sería más exacto reservar esta voz para la «combinación de dos anillos enlazados, o de una espiga y un tejuelo, para formar el eje de giro de una puerta» (T). En efecto, gozne viene de gonce, ya en desuso, y ésta del latín gomphus, de una voz griega para clavo. Disponiendo de tantas voces para bisagra, debería reservarse el gozne para la articulación que tiene un clavo, vástago o espiga que se introduce en una anilla o tejuelo fijo en la hoja. Cuando el gozne es muy grande se llama también pernio, pero el Torroja precisa que en este último la espiga es solidaria con la pala que está fija a la parte inmóvil, generalmente el quicial. En ese caso a la otra pala se la llama puerca, vaya usted a saber por qué. Quizás porque se introduce en su interior el vástago de la espiga. ¡Señor, qué lenguaje!


11 Cuando las puertas o ventanas son anchas y pesadas, las palas que fijan la puerta se alargan para anclarlas con mayor eficacia: son los golfos, que se convierten en verdaderas armaduras de la hoja. Aunque sólo sea para evidenciar las dificultades históricas de estos mecanismos, podemos recordar dos piececillas más que han pasado al lenguaje común. Una es de todos conocida, la chaveta, del italiano chiavetta, diminutivo de chiave (llave); para asegurarse de que un pasador, como la espiga de la bisagra, nunca se saldrá de su sitio se puede usar esta chaveta: «clavo o pasador que se pasa por un orificio hecho en el extremo de un eje, una varilla, una espiga, un pernio, etc., para que no se salgan las cosas metidas en ellos o para que no se salgan ellos del sitio en que se meten» (T). Este clavo o pasador generalmente está dividido en dos ramas, que se separan después de colocado: ahora entendemos las consecuencias de “perder la chaveta”. Nos hemos quedado sin un elemento clave de la carpintería, algo tan sencillo como una pequeña horquilla y que, sin embargo, es el depositario de la seguridad de la bisagra y de la hoja. Unas cuantas bisagras sin chaveta y ya tenemos la frase popular. Mucho menos conocido es el gobio: «la aguja o alfiler de hierro forjado que se clava a un montante de puerta y alrededor del cual gira la hoja de un gozne» (T). La voz gobio se asocia a una raíz italiana que significa jorobado. Es de suponer que nombra objetos doblados sobre sí mismos hasta tomar forma de gancho. La otra acepción de gobio señala una grapa que une sillares (véase Llave).
12 En el larguero opuesto al de fijas deberá existir algún mecanismo de cierre de esas hojas que giran sobre las bisagras. Primero será necesario poder abrir la hoja; para ello se dispone del tirador, «herraje que permite tirar de una puerta, cajón, etc.». Si tiene una forma adecuada para ser asido con toda la mano, se llama manija, manilla o manigueta. Algunos diccionarios incluyen manecilla o manillar, pero no son adecuados ni los reconoce la RAE.
13 La manija o tirador suele accionar un pestillo, «cerrojo pequeño o pasador plano con que se asegura cerrada una puerta, una tapa, etc.» (MM). Los pestillos quedan fijados contra el marco porque se alojan dentro de un cajetín o cerradero, que puede ser de chapa o simplemente una hendidura abierta en el propio marco. El pestillo puede tener el extremo saliente en forma de plano inclinado y estar apoyado por un muelle, de manera que al golpear la puerta contra el marco el pestillo se desplace primero hacia dentro y luego hacia fuera quedando sujeto contra el marco. Esto es un mecanismo de resbalón, que se utiliza sobre todo en las puertas. Los modernos mecanismos de golpe y llave son una forma de evolución de este resbalón y permiten además asegurar el cierre contra intrusos.
14 Llega un momento en la evolución de las carpinterías de ventana que además de poder cerrar y abrir con facilidad girando sobre esa eficaz bisagra o pernio, el confort exige un cierre hermético: es, pues, necesario poder comprimir la hoja contra el marco para impedir la entrada de la lluvia o el viento. Para conseguir esa presión sólo parece haber dos recursos: el más simple es el plano inclinado, esto es, algún tipo de pasador o fiador entra en un agujero de la jamba o en una horquilla fija al marco. Si el plano de contacto es inclinado, de manera que cuanto más se pasa el fiador más se comprime la hoja contra el marco, el problema parece resuelto. A pesar de su aparente simplicidad, es un mecanismo de difícil control y que puede bloquearse. Quizás por eso no inspiró los mejores cierres de la cerrajería clásica.


15 El mecanismo más brillante es el que utiliza el segundo de los recursos: la torsión; y tiene un nombre curioso: españoleta. Se trata de una varilla fija a la hoja capaz de girar sobre sí misma dentro de esas fijaciones perforadas. En sus extremos tiene unos ganchos que se pueden introducir en unas horquillas clavadas al marco. La forma de esos ganchos es tal que resulta fácil introducirlos dentro de la horquilla, pero al ir girando el redondo vertical la zona del gancho que toca a la horquilla se acerca cada vez más a ella comprimiendo fuerte y progresivamente la hoja contra el marco. Al final del giro todo el redondo vertical ha quedado torsionado y la elasticidad del material hace que la presión entre hoja y marco sea duradera y eficaz. Corominas considera que es una voz catalana que pasó a Italia y desde allí consiguió difusión universal.
16 Lo cierto es que muchos diccionarios de otras lenguas reconocen esta voz, espagnolette, mientras la Real Academia sólo recoge como españoleta un antiguo baile. Según su diccionario este maravilloso invento se llama también falleba, voz hoy muy poco utilizada y que ha tomado un sentido más general, que engloba los diversos sistemas de cerramiento y fijación de la hoja. En el lenguaje del oficio cada parte de la españoleta tiene un nombre: las fijaciones del redondo a la hoja son los cambrones, y los ganchos extremos
que se introducen en las horquillas o armellas fijas al marco son las cachabas.


17 A pesar de su claridad funcional la españoleta está en desuso y ha sido sustituida por un mecanismo conocido como cremona: «cerradura formada por dos pletinas dentadas que se mueven en sentido opuesto al hacer girar entre ellas una rueda con dientes, con la que ambas pletinas entran en sus respectivas armellas» (T). Su ventaja es que se puede empotrar en los largueros de la hoja y reducir los elementos vistos a la manija o el uñero que manipula las varillas.


18 En la actualidad la técnica es mucho más compleja y permite sofisticadas manipulaciones; sin embargo el lenguaje es cada vez más escaso. Existen herrajes sofisticados para las ventanas oscilobatientes, o para elevar las hojas correderas a fin de conseguir una mayor estanquidad, ya que caen con todo su peso presionando las guarniciones, pero apenas tenemos nombres ni para los nuevos ni para los viejos mecanismos.

Ignacio Paricio