23.5.13

DISEÑO DE UNIONES EN ESTRUCTURAS DE MADERA (II)

2.3 Ejemplos de uniones
Un encuentro entre piezas de madera puede resolverse de diferentes maneras llegando en muchos casos a resultados eficaces. Unos sistemas tendrán algunas ventajas e inconvenientes comparados con otros, sin que exista una solución única. El proceso del diseño de la unión es, por tanto, un proceso abierto que se fundamenta en la experiencia del proyectista.
Cuando se proyecta una unión, sin tener una experiencia importante, es habitual y recomendable estudiar soluciones de encuentro construidas en obras existentes con el fin de servir de guía o inspiración (a veces para evitar repetir errores). Por este motivo, en este apartado se recogen uniones procedentes de obras existentes ordenadas por tipo de encuentro, incluyendo un breve comentario que reflexiona sobre las características de la unión. No pretende ser exhaustiva ni tampoco todas las soluciones presentadas pueden considerarse las mejores, sino que simplemente servirán de ayuda en el proceso de la decisión para diseñar la unión.
a) Apoyo de pilares
Pilar empotrado o en contacto con el suelo, que requiere un tratamiento químico en profundidad. El pilar está compuesto por dos cordones con separadores fijados con pernos. La vida útil de la estructura queda limitada a la vida de la madera tratada en contacto con el suelo (10 a 20 años).


Pequeño poste que descansa sobre una basa de piedra que a su vez arranca de un basamento corrido. Queda alejado del contacto con el suelo y de la humedad. No obstante, presenta decoloración por las salpicaduras en la parte baja, pero se encuentra bien ventilado. Su reposición en caso de fuerte deterioro es sencilla.


Pie derecho de madera maciza con un apoyo sobre una basa de piedra a través de un herraje de acero que encierra la pieza. El herraje no permite la ventilación de la madera en caso de entrada de agua al interior, aunque el alero puede llegar a impedir la llegada del agua de lluvia.


Pie derecho de madera maciza que descansa sobre una pieza metálica que lo separa del suelo. La carga se transmite a través de una chapa de asiento en la base, con dimensiones ligeramente inferiores a la sección del pilar. Las chapas laterales sirven para afianzar la unión mediante un perno. Esté permitiría resistir cierto esfuerzo de tracción en caso de succión del viento.


El pie derecho de esta estructura de una cubierta de aparcamiento está formado por dos piezas de madera con una separación entre sí donde se aloja una lengüeta de tablero. Su apoyo en el suelo se realiza a través de una chapa de acero inoxidable de igual espesor a la separación entre perfiles, para evitar el contacto con el suelo.


Cubierta en visera de un graderío. El pilar de madera laminada esta compuesto por dos cordones y su apoyo en la base es una articulación que queda ligeramente separada del suelo. En encuentro con el dintel podría ser una articulación, pero también un enlace rígido. La estabilidad de la estructura, considerando el apoyo articulado de la base del pilar, queda garantizada por el encuentro articulado del dintel en la estructura de hormigón.


Una opción muy interesante para conseguir un pilar empotrado sin recurrir a grandes herrajes, consiste en emplear pilares de celosía como el ejemplo de la figura. Cada cordón del pilar se articula a la base de forma sencilla, aunque se consigue que el conjunto quede empotrado. De esta manera la estabilidad del conjunto es fácil de alcanzar. Cada cordón del pilar está formado por dos piezas de madera y en la base la conexión se realiza mediante una chapa de acero colocada en el interior de ambas piezas. La madera queda también separada del nivel del solado.


Pilar de madera laminada encolada compuesto por dos cordones, que se encuentra empotrado en la base y su cabeza está articulada donde descansa una viga continua. El herraje del apoyo separa la madera del suelo y aloja un perfil de sección tubular rectangular que es cosido con las dos líneas de pernos que transmiten el momento flector.


b) Encuentro entre pilar y viga
El pilar de madera laminada encolada presenta en el extremo superior un hueco central donde se aloja la viga pasante a la que se une con cuatro pernos. Las cargas gravitatorias se transmiten por compresión en la superficie de apoyo, mientras que los pernos deben asumir los esfuerzos negativos debidos a la succión del viento.


Encuentro entre dos vigas biapoyadas sobre la cabeza de un pilar. Todas las piezas son de madera maciza de gran escuadría. El enlace se realiza con un herraje de chapas de acero interiores que se alojan en las testas del pilar y de las vigas. Dos pernos afianzan cada conexión.


Apoyo de sencillo diseño de una viga de madera laminada sobre un pilar metálico de tubo cuadrado hueco. La chapa de testa del pilar sirve de zapata que aumenta la superficie sometida a compresión perpendicular a la fibra. La fijación se realiza mediante 8 tirafondos.


Encuentro entre pilar y viga pasantes. El pilar presenta dos cajas laterales que reducen la sección localmente pero sirven de apoyo a las dos piezas que forman la viga. La unión se afianza con dos pernos. Las vigas compuestas por dos piezas más delgadas presentan esta cómoda forma de unir, pero también se reduce su eficacia frente al caso de incendio al reducir su anchura, ya que ambas piezas presentan las cuatro caras expuestas.


Pilar de madera laminada encolada de sección circular sobre el que apoya una viga de madera laminada encolada de sección rectangular. Un cajeado en la cabeza del soporte deja el paso libre a la viga continua que se asegura con dos pernos.


Apoyo de una viga de madera laminada de una cubierta en voladizo de un graderío sobre un pilar metálico de sección circular hueca. La chapa de testa del pilar sirve de zapata y aumenta la superficie de apoyo. Las pletinas laterales afianzan la unión y asumen los esfuerzos negativos debidos a la succión del viento. La barra horizontal que acomete a la cara de la viga sirve de elemento de estabilización del encuentro evitando la tendencia al giro del apoyo.


Apoyo de un par de cubierta sobre un pilar de hormigón. La chapa de asiento anclada en la testa del pilar de hormigón lleva una chapa soldada que se aloja en el interior de la pieza de madera. Dos pernos cosen la pieza de madera con la chapa interior. Las cabezas de los pernos se han ocultado con tapones de madera encolados. La base del apoyo del par es horizontal.


Apoyo de una viga pasante sobre un pilar de hormigón armado. La viga tiene una ligera pendiente, pero el plano de apoyo se desarrolla en horizontal con el fin de transmitir las cargas gravitatorias sin empujes horizontales. Los tirafondos que unen las chapas a la madera deben ser capaces de resistir los esfuerzos de succión.


Encuentro entre un pilar de rollizo y una viga de madera aserrada pasante y formada por dos piezas. El apoyo se realiza mediante rebajes en la sección del poste y se afianzan con dos pernos. Las tornapuntas aportan rigidez en el plano del pórtico y disminuyen la flexión en la viga.


c) Apoyo de arcos y pórticos
Apoyo articulado de arcos que se encuentran a separaciones no muy elevadas y con una luz variable, pero no grande. El apoyo es simple ya que no se requiere la transmisión de fuertes reacciones. Dos pernos unen las chapas laterales a la madera y cuatro anclajes al hormigón.


Arranque de un arco triarticulado de una pasarela. La unión se materializa con un bulón de giro libre entre las orejas de chapa de acero. El herraje abraza a la pieza de madera y se une con pernos. La solución de encerrar la madera con las chapas de acero puede tener el inconveniente de retener el agua de lluvia que escurre por la superficie de la pieza y con el tiempo producir manchas y el inicio de algún deterioro. No obstante, la cara superior del arco se encuentra protegida por una albardilla de chapa que impide o disminuye el efecto del agua de lluvia.


Apoyo articulado de un semipórtico o arco de madera laminada que se ha realizado con lo que se suele denominar articulación ficticia. El herraje que abraza la pieza de madera queda anclado al hormigón sólo en la parte central, para no coartar completamente el giro.


Articulación en el apoyo de un arco de gran luz (80 m aprox.). Puede observarse como la superficie de apoyo es menor que la sección del arco. Los pernos deben dimensionarse para resistir el cortante, la succión en su caso, y alguna norma indicaba que debería asumir al menos el 50 % del axil de compresión.


Este arranque articulado de los arcos principales de la pasarela presenta un herraje que abraza y rodea la pieza de madera. La unión se encuentra expuesta al exterior y el agua de lluvia puede quedar retenida en la unión. El sellado de la junta puede ser una solución, sino fuera por la esperada falta de mantenimiento. En estos casos es necesario la utilización de madera tratada en profundidad para clase de uso 4, y es recomendable dejar en la testa de la madera zonas sin chapa para permitir cierta ventilación. Debe observarse que la cara superior de los arcos no tiene un elementos de protección frente al agua de lluvia


Articulación del arranque de un arco junto con un pilar. Ambas piezas están articuladas y se conectan mediante pasadores que atraviesan chapas de acero interiores (dos en el caso del arco y una en el caso del pilar). Puede observarse como alguno de los pasadores se sustituye por pernos para afianzar la unión.


Apoyo articulado de un arco de 63 m de luz realizado con un herraje oculto. Una chapa interior se conecta a la madera mediante pernos. El resultado es limpio, su comportamiento al fuego mejor y aunque se trata de una estructura al interior, su exposición temporal a la lluvia durante el montaje no da problemas de manchas.


FRANCISCO ARRIAGA MARTITEGUI. GUILLERMO ÍÑIGUEZ GONZÁLEZ. MIGUEL ESTEBAN HERRERO. RAMÓN ARGÜELLES ÁLVAREZ. JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ CABO

21.5.13

DISEÑO DE UNIONES EN ESTRUCTURAS DE MADERA

Introducción
1.1 Generalidades
En general, las estructuras de madera están formadas por piezas unidas entre sí. Las uniones constituyen puntos singulares que es necesario estudiar con todo detalle, ya que el agotamiento de una estructura se puede presentar simplemente por la falta de resistencia de una cualquiera de ellas.
El costo de las uniones es en general elevado, siendo frecuente que el conjunto de los elementos de conexión y sus operaciones anexas constituyan entre el 20 y 25% del costo total de la estructura.
Las uniones entre piezas de madera pueden clasificarse atendiendo a diversos criterios:
a) Por la forma del encuentro: se denominan empalmes cuando las piezas se enlazan por sus testas, ensambles cuando las piezas se cortan formando un determinado ángulo y acoplamientos cuando las piezas se superponen por sus caras, figura 1.1.
b) Por el medio de unión empleado, figura 1.2: Uniones carpinteras: aquellas en las que las piezas se unen mediante un trabajo de carpintería (caja y espiga, rebajes, esperas, etc.). Uniones mecánicas: aquellas que utilizan herrajes para la transmisión de esfuerzos (clavos, pernos, tirafondos, conectores); dentro de las uniones mecánicas se diferencian dos tipos de medios de unión en función del modo de transmisión de los esfuerzos: El primer tipo recoge a las denominadas “clavijas” y corresponde a los clavos, grapas, tornillos, pernos y pasadores.
El esfuerzo se transmite de una pieza a otra mediante cortante y flexión de la clavija provocando también, tensiones de aplastamiento en la madera a través del área proyectada de la clavija. El segundo tipo está constituido por los “conectores” (anillo, placa, dentados y placa clavo). El esfuerzo se transmite a través de una mayor superficie.


Uniones encoladas, cuando se utilizan adhesivos para la transmisión de los esfuerzos (madera laminada encolada, enlaces rígidos mediante barras encoladas, etc.). No son objeto de esta publicación.
El diseño de las uniones puede llegar a requerir una parte importante de tiempo y esfuerzo en el conjunto del proyecto de la estructura. El hecho de que esta fase se realice al final del proceso de cálculo propicia una atención menor que la debida.

Unión de empalme carpintera, mecánica y encolada

1.2 Consideraciones iniciales
En el diseño y cálculo de las uniones deben tenerse presentes algunas consideraciones previas que a continuación se resumen:
Deslizamiento de las uniones
Las uniones mecánicas sufren unos deslizamientos en su puesta en carga que pueden estimarse mediante el módulo de deslizamiento Kser, definido en la normativa. Este deslizamiento se origina como consecuencia del aplastamiento de la madera sometida a compresiones locales elevadas. Cada medio de unión tiene un módulo de deslizamiento diferente, por lo que no se pueden sumar directamente las capacidades de carga de cada uno. Por tanto, es importante tener presente que la capacidad de carga de un conjunto de diferentes medios de unión es, con frecuencia, menor que la suma de las capacidades de carga individuales. Por ejemplo, las uniones encoladas y mecánicas tienen muy diferentes propiedades de rigidez y no debe suponerse que trabajan solidariamente.
Desgarramiento en las uniones
Cuando se diseña una unión en la que existen muchos elementos de fijación colocados en línea o un conjunto de elementos agrupados en una área de la pieza, existe la posibilidad de que la capacidad de carga de la unión quede limitada por un desgarramiento de un trozo de la pieza sin llegar al agotamiento de la capacidad de cada elemento, figura 1.3. Estas situaciones son poco frecuentes pero pueden darse en casos de piezas de grandes escuadrías sometidas a grandes esfuerzos. En la norma se recoge el procedimiento para su comprobación.
Excentricidad de las uniones
En los nudos de la estructura el encuentro de las piezas debe realizarse, siempre que sea posible de forma simétrica y concéntrica, con el fin de evitar excentricidades. A veces, no es fácil evitar la excentricidad, y en estos casos deberá tenerse en cuenta en el cálculo. No obstante, si se puede modificar la posición y composición de las piezas a veces es posible eliminar su excentricidad.

Desgarramiento en una unión de empalme rígido con elementos concentrados en línea.


Excentricidad de la unión de la figura a, corregida en la figura b.

Hinchazón y merma
En el diseño de la unión no deben olvidarse los efectos de hinchazón y merma de la madera, originados como consecuencia de la variación del contenido de humedad. La práctica correcta es la colocación en obra de la madera con un contenido de humedad lo más próximo posible a la humedad de equilibrio higroscópico media de su situación en servicio. Sin embargo, hay situaciones donde no es posible evitar una variación del contenido de humedad.
Las piezas situadas en contacto con el ambiente exterior sufrirán los cambios de las condiciones climáticas; otro caso es el de las piezas situadas en interiores acristalados donde se pueden alcanzar altas temperaturas por efecto del soleamiento. Estas situaciones conducen a una variación de las dimensiones, que es despreciable en la dirección longitudinal pero considerable en la transversal.
Si los herrajes de unión se disponen de manera que impidan el libre movimiento de la madera y las dimensiones de las piezas son de cierta entidad (del orden de 80 o 100 cm) se originarán fendas cuando la madera pierda humedad.
En la figura se muestran varios casos típicos en los que puede producirse el fendado:
a) Apoyo de viga con restricción del movimiento en todo su canto; la solución puede ser dejar las fijaciones en la zona inferior.
b) Empalme rígido entre dos piezas de madera con chapas metálicas que impiden su contracción; una alternativa es la colocación de herrajes independientes para transmitir la flexión.
c) Nudo de esquina de pórtico con corona de pernos.
El encuentro de los pilares y el dintel con la dirección de la fibra prácticamente ortogonal desemboca en un movimiento diferencial que origina el fendado si las dimensiones de las piezas son grandes.
Tracción perpendicular a la fibra en las uniones
Ciertas disposiciones de uniones, figura, originan tensiones de tracción perpendicular a la fibra que pueden limitar la capacidad resistente de la unión. En la norma se recoge la comprobación a realizar en estas situaciones.
Para disminuir o evitar estas tensiones perpendiculares a la fibra, el diseño de la unión debe procurar que la posición del elemento de fijación que define la distancia he, esté lo más cerca posible del borde no cargado.

Fendado en uniones debidas a la merma de la madera


Ejemplo de unión donde se presentan tensiones de tracción perpendicular a la fibra

Diseño de la unión
2.1 Introducción
Las posibilidades creativas en el diseño de las uniones son enormes y no es posible definir una solución única para cada situación. El éxito del diseño de una unión se basa en cumplir los tres requisitos siguientes:
- Simplicidad: cuanto más sencilla sea la unión mejor será el resultado estético y mecánico, así como su cálculo.
- Mínimo material auxiliar: cuantos menos herrajes se necesiten mejor será el comportamiento al fuego y más limpio será su aspecto.
- Fabricación y montaje: serán preferibles las soluciones que requieran un proceso de fabricación y de montaje más sencillo.
En los últimos 20 años se ha podido observar un cierto cambio en el estilo de las uniones en estructuras de madera.
De uniones con grandes herrajes vistos y muchas veces pintados para hacerse más visibles, se ha llegado a unas uniones con menor presencia del acero al exterior, con protección por galvanizado y muchas veces con clavijas ocultas o de poca presencia al exterior (pasadores, tirafondos de doble rosca). Los herrajes de apoyo de correas utilizados en las estructuras de madera laminada encolada por lo general están fabricados con chapa plegada galvanizada y vista al exterior; sin embargo, en Europa existe una tendencia al herraje oculto en la testa de la correa y posiblemente cada vez se use menos el herraje visto.
Todo este proceso de cambio viene motivado por varias razones, entre las que se encuentran las especificaciones de incendio que conducen al ocultamiento y protección del metal, a los avances técnicos de materiales empleados en los herrajes, pero también a una evolución de la estética en el diseño de la estructura, que puede interpretarse como una mayor confianza en la madera como material estructural sin recurrir a la presencia del acero como acompañante o garantía de su eficacia.
2.2 Criterios para la selección del medio de unión
Los medios de unión pueden clasificarse en los grupos siguientes:
- Uniones carpinteras
- Uniones mecánicas:
· Clavijas:
· Grapas
· Clavos
· Tirafondos
· Pernos
· Pasadores
· Conectores:
· Anillo
· Placa
· Dentados
· Placas clavo
- Uniones encoladas
Cada medio de unión tiene una adecuación que es función principalmente de la escuadría de las piezas y del tipo estructural. A continuación se expone la práctica más habitual:
a) Uniones carpinteras: constituyeron en el pasado el sistema de unión tradicional en la carpintería de armar.
Actualmente ha recuperado su vigencia gracias a la fabricación mediante el control numérico. La precisión alcanzada es muy elevada y el costo se ha reducido notablemente.
Actualmente se emplean en estructuras de luces reducidas (hasta 10 o 12 m) y en obras de rehabilitación.
Las razones que llevan a utilizar este tipo de unión son, generalmente, de carácter estético, buscando una apariencia tradicional para la construcción; sin embargo, también resultan más económicas y presentan un mejor comportamiento al fuego.
En estructuras de luces mayores, generalmente con madera laminada encolada, las uniones carpinteras con cajas y otros rebajes no se emplean porque se llega a un sobredimensionado de las secciones que las harían poco económicas.
Una de las uniones carpinteras más utilizadas en cubiertas de viviendas unifamiliares es la de la cola de milano redondeada para las uniones entre pares o correas y vigas principales.
b) Uniones mecánicas: agrupan diversos tipos de elementos de fijación por lo que existen tipos adecuados para cada situación. A continuación se resumen los casos más frecuentes:
Clavijas:
- Grapas: generalmente se emplean para la conexión entre tableros y piezas de madera aserrada de pequeña escuadría (con gruesos comprendidos entre 38 y 50 mm aproximadamente). La aplicación característica es la fabricación de entramados ligeros de muros y forjados para la construcción prefabricada.
- Clavos: adecuados para la construcción ligera de madera en la unión entre tableros y piezas de madera aserrada y entre las propias piezas de madera aserrada de pequeña escuadría (grueso de 38 a 50 mm). Tienen capacidad de carga frente a esfuerzos laterales o de cortante, pero rara vez se aceptan para cargas axiales o de extracción.
También son utilizados en las uniones entre piezas de mayor escuadría como es el caso de las correas de madera laminada donde se emplean para fijar el herraje de apoyo a la viga principal. En estos casos los herrajes ya están pretaladrados para el alojamiento de los clavos.
En algunos casos se han utilizado para uniones de gran capacidad de transmisión de esfuerzos como elemento de fijación de las chapas de acero con espesores generalmente de 6 mm. En estos casos es frecuente el uso de clavos especiales de sección rectangular redondeada denominados “remaches para madera” (timber rivets).
- Tirafondos: se emplean en la fijación de piezas de madera de escuadría pequeña y mediana con similares funciones a la de los clavos, pero con la ventaja de poder resistir esfuerzos axiales. Esto último los hace especialmente indicados para el anclaje de herrajes, o piezas en general, sometidas a esfuerzos de arranque además del cortante. Así, ejemplos típicos son las fijaciones de los herrajes de anclaje de tirantes de arriostramiento, fijación de las correas sobre los pares, elementos auxiliares de afianzamiento en las uniones carpinteras, etc.
También se pueden utilizar en las uniones entre piezas de mayor sección (por ejemplo madera laminada encolada) como elemento de fijación de chapas de acero auxiliares.
- Pernos: se emplean en uniones entre piezas de madera maciza y madera laminada encolada. Por tanto, resultan adecuados para cargas pequeñas y grandes, utilizando diámetros adecuados. Permiten la conexión entre piezas de madera a través de chapas metálicas, tanto si están situadas en el interior como en el exterior.
- Pasadores: generalmente utilizados en las uniones entre piezas de mediana y gran escuadría. Tienen la ventaja de un mejor comportamiento al fuego, siendo más fácil su ocultación comparada con el caso de los pernos. Permiten la conexión mediante chapas de acero interiores, pero no al exterior. Se colocan con un grado de ajuste muy alto, lo que exige mucha precisión en el mecanizado de los agujeros. En uniones que puedan sufrir un esfuerzo transversal que provoque el desarmado del conjunto deberán acompañarse de algunos pernos.
Conectores:
Los conectores tienen mayor capacidad de transmisión de carga que los pernos y pasadores, pero también requieren separaciones mayores. Generalmente, se recurre a ellos cuando la capacidad de los pernos por sí mismos no es suficiente.
- Conectores de anillo: se emplean en uniones entre piezas de gran y mediana escuadría. El mecanizado se hace en fábrica y el montaje se puede hacer en obra. Requieren un perno para afianzar la unión, pero su capacidad portante no se suma a la del conector.
- Conectores de placa: adecuados en uniones entre piezas de gran y mediana escuadría. Hay tipos para uniones entre madera y madera y otros para uniones entre acero y madera. El mecanizado se hace en fábrica y el montaje se puede hacer en obra. Requieren un perno para afianzar la unión, pero su capacidad portante no se suma a la del conector.
- Conectores dentados: adecuados para escuadrías grandes y medianas. Se colocan en fábrica y una vez insertados no pueden desmontarse. El perno que se emplea para afianzar la unión también colabora en la transmisión de esfuerzos.
- Placas clavo: son herrajes de conexión específicos para las uniones en estructuras ligeras construidas con piezas de madera aserrada de grueso reducido (38 a 45 mm). Son características de las armaduras de cubierta en la construcción prefabricada de entramado ligero.
c) Uniones encoladas: sistema de unión cuya característica principal es la de permitir los enlaces rígidos con plena capacidad de transmitir momentos flectores. Además, su aspecto externo es muy limpio al no tener herrajes al exterior. Sin embargo, no es un sistema extendido ni habitual en las empresas, sino que únicamente hay algunas que ofrecen este sistema como opción.
Generalmente, consisten en barras de acero o de materiales compuestos que se encolan a la madera en taladros interiores con formulaciones epoxi y otros adhesivos adecuados. También son uniones encoladas los enlaces entre piezas mediante un dentado múltiple de gran tamaño (macrodentado) similar al empalme de las láminas de madera laminada encolada, pero con la posibilidad de realizar uniones en ángulo, como las uniones de esquina en pórticos.
Finalmente, existen varios factores que influyen en la toma de decisiones para la configuración de la unión, que a continuación se recogen:
- Especificaciones de incendio: si existen requisitos de resistencia al fuego es relativamente sencillo llegar a tiempos de 30 minutos, pero para alcanzar los 60 minutos se requiere un diseño más elaborado.
Para cumplir las especificaciones con más facilidad son preferibles las uniones que no utilicen chapas metálicas expuestas al exterior, sino en todo caso situadas en el interior de las piezas y sin asomar por los bordes; también presentan mejor comportamiento los pasadores que los pernos.
- Durabilidad: en uniones entre piezas que queden expuestas al exterior es muy importante que el diseño de la unión no permita la retención de agua de lluvia con el fin de aumentar su durabilidad frente a la corrosión.
Deberán utilizarse materiales metálicos adecuadamente protegidos para cada situación ambiental.
- Sismo: en localizaciones en las que la acción sísmica es relevante, la ductilidad de la estructura se consigue con facilidad utilizando uniones con elementos de tipo clavija, que presentan un comportamiento de alta ductilidad.

FRANCISCO ARRIAGA MARTITEGUI. GUILLERMO ÍÑIGUEZ GONZÁLEZ. MIGUEL ESTEBAN HERRERO. RAMÓN ARGÜELLES ÁLVAREZ. JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ CABO

15.5.13

CELAJE. LOS NOMBRES DE LA VENTANA

Los nombres de la ventana
3 Lucero. Lucera. Lucerna
4 Lucernario. Lucarna. Lumbrera
5 Guardilla. Buhardilla
6 Tragaluz. Claraboya. Montera. Linterna
7 Ventanal. Ventano. Ventanera
8 Balconera. Balcón. Mirador. Cierro. Camón. Coche parado
9 Ajimez. Mirilla. Ventanillo. Vasistas
10 Óculo. Ojo. Ojo de buey. Rosa. Rosetón
11 Mezanina. Galería
12 Andana
13 Montante. Luneta. Escucha. Trampilla
14 Respiradero. Buhedera. Saetera. Tronera
15 Jemesía. Espejuelo
16 Celaje

1 Dicen que los esquimales tienen decenas de voces para diferenciar las formas de la nieve, quizás tantas como nosotros hemos heredado de nuestros campesinos para matizar las formas de la lluvia. Sustantivos como llovizna, chaparrón, chirimiri, aguacero, matacabra, calabobos, chubasco... Verbos como chispear, lloviznar, diluviar, jarrear... Adverbios como torrencialmente, mansamente... Expresiones como chuzos de punta, a cántaros, a mares... Lo que nos es tan próximo y tan necesario exige y sugiere mil matices que merecen sus correspondientes nombres.
2 Pues bien, en este capítulo trataremos una parte del edificio tan concreta que está reducida a un sólo elemento, pero es éste tan rico y con tantos matices, que él sólo nos permitirá cumplir con las cuarenta voces que nos hemos propuesto tratar en cada uno de estos apartados. Nos referimos a la ventana, el elemento constructivo más importante de la arquitectura, la negación del muro. Construir es levantar muros y cubiertas que encierran espacios, unos espacios que no son habitables hasta que no perforamos esas envolventes para buscar toda la luz, la ventilación y las vistas que el exterior puede darnos. Y hoy más que nunca, la búsqueda de la transparencia y la liviandad hace que se pueda decir que el hueco es ya la materia misma, y casi la única, de la construcción y la arquitectura.
3 Los variados nombres de las ventanas aluden a sus diversas propiedades. De ellas, la más importante, sin duda, es la de llevar luz a las habitaciones. Imagínese lo que pudo significar una entrada de luz en una cueva o en un sótano oscuro. Ese lujo increíble de tener luz en un espacio protegido de las inclemencias del tiempo justifica que el lucero, «postigo o cuarterón practicable por donde entra la luz» (RAE), comparta el nombre con un planeta más rutilante que las estrellas, Venus, el lucero del alba. Pero la misma raíz tienen muchos tipos de ventana que comportan la idea de introducir la luz por la parte alta del espacio habitable: lucera, «ventana o claraboya abierta en la parte alta de los edificios» (RAE), o lucerna, «abertura alta de una habitación» (RAE).


4 Capítulo aparte merecen las ventanas específicas de la cubierta, cuyo nombre más generalizado no está reconocido por la RAE: el *lucernario, «ventana en la cubierta» (MM). La *lucarna y la lumbrera reciben definiciones imprecisas, pero puede deducirse que son voces muy próximas; Paniagua las considera sinónimas, para él son ventanas verticales cubiertas por un plano de cubierta que tiene una pendiente más baja que el resto del faldón «por elevación de una parte de [...] la vertiente de un tejado». Quizá por esa forma de desviación, de salida tangencial, la lucarna es también un aliviadero lateral en una corriente de agua, mientras que la lumbrera es la «abertura por la que sale la viruta en el cepillo de carpintero» (T).


5 Entre las ventanas abiertas en la cubierta, no podemos olvidar la mansarda, que se sitúa en el faldón inferior de un tejado de este tipo (véase Hastial) y la más tradicional *guardilla, «abertura hecha en el tejado, cubierta con una pequeña construcción que tiene forma de casita, provista de ventana en su parte delantera» (MM), aparato que el diccionario de la RAE sólo acepta como buhardilla: «ventana que se levanta por encima del tejado de una casa, con su caballete cubierto de tejas o pizarras, y sirve para dar luz a los desvanes o para salir por ella a los tejados».
6 En esa posición cenital, que privilegia la luz sobre todas las demás facultades de la ventana, se halla el evidente tragaluz, voz que exhibe su glotona capacidad para introducir luz en el interior. Más importante, la claraboya, la poética claire voie, camino de luz, techo de cristales, por ejemplo, sobre una caja de escalera (MM). Como la montera, «cubierta de cristales sobre un patio, galería, etc.» (RAE). Aún más monumental, la linterna: «especie de coronamiento en forma de domo, con vidrieras, calado o en belvedere y puesto en lo alto de un edificio», según el Torroja.


7 Por su tamaño la ventana adopta muchos nombres, pero el diccionario recoge el grande, ventanal, y el pequeño, ventano. Ventanera no es ninguna forma de abertura, sino la «mujer ociosa muy acostumbrada a asomarse a la ventana para ser vista» (RAE). La ventana, efectivamente, no sólo sirve para ver sino también para ser visto, aunque el diccionario es evidentemente ofensivo. E insiste: «hacer ventana una mujer es ponerse en ella para ser vista».
8 Para ver es importante que el hueco llegue hasta el suelo de la habitación, y entonces se le llama balconera. El diccionario de la RAE define así el balcón: «hueco abierto al exterior desde el suelo de la habitación, con barandilla por lo común saliente». Pero hoy reservamos esa voz al plano en voladizo situado por fuera de la balconera y protegido por una barandilla. La importancia de la observación del exterior se evidencia en nombres tan enfáticos como mirador, que es sinónimo de cierro, «mirador, balcón encristalado» (RAE). Da la impresión de que los balcones se cerraron como hoy las terrazas. Se le llama también camón, quizá por la armadura de madera que permitía montar en el balcón la caja vidriada (MM). Es asimismo curiosa la expresión coche parado, que se aplica «a un balcón o mirador en un sitio muy concurrido», según María Moliner.


9 A veces, por el contrario, lo importante es ver sin ser visto. Quizás sea para proteger la intimidad, como se consigue con las celosías. La voz ajimez describía, hasta el siglo XIX, una ventana a la que se adosaba un cajón de celosías para poder mirar incluso hacia los lados. Otras ventanas, por motivos de seguridad, hacen posible que se pueda observar al visitante sin permitir a éste ni el mínimo atisbo del interior, y han dado lugar a todas las pequeñas aberturas en las puertas de acceso que se llaman mirilla o ventanillo: «ventana pequeña o abertura redonda o de otra forma, hecha en la puerta exterior de las casas y resguardada por lo común con rejilla, para ver la persona que llama, o hablar con ella sin franquearle la entrada» (RAE). Es especialmente curiosa debido a su corrupta etimología la voz vasistas citada por Paniagua como una distorsión del alemán Was ist das (¿Qué hay?). Peralta asegura que se trata de un término francés usado de forma abusiva en lugar de montante y ventanillo.
10 La ventana tiene un papel fundamental en la composición de la fachada, y por ello ha adoptado formas diversas y ocupado lugares significativos que han dado lugar a otras tantas voces específicas. Hablaremos en otro lugar de la espectacular serliana, pero aquí podemos citar todos los nombres de las ventanas circulares, como *óculo, ojo u ojo de buey. Rosa o rosetón son también ventanas circulares pero sobre todo este último tiene nervios y forma calados con adornos.


11 De entre los elementos acristalados destaca la mezanina, según el Torroja «el hueco apaisado o ventana que hay en los áticos, sotabancos, etc.», y para Matallana «el vano que sirve de ventana en los áticos o sobrados y es más ancho que largo». Pero también la más próxima galería, palabra que encierra en la actualidad demasiados significados. Galería viene de galilaea, de la región pagana de Galilea, por ser la galería o pórtico de las iglesias donde permanecía el pueblo en vías de conversión (MM). Una galería es cualquier espacio alargado bien iluminado, por eso sirve para habitaciones, pasos entre edificios, aditamentos de planta baja, cuerpos volados en plantas altas y espacios insertos en el macizo edificado.


12 La indefinición sobre si se trata de un espacio abierto al exterior o cerrado por una vidriera aún complica más las cosas. Cada región ha utilizado esa voz para nombrar unos elementos constructivos adecuados a su clima y a su arquitectura popular. Así, llamamos galerías a los amplios miradores acristalados gallegos y a las solanas abiertas a oeste de las masías catalanas. Parece razonable, pues, reservar galería para cierres acristalados y recuperar solana, ándito, ‘logia, porche, etc. para los espacios abiertos. La agrupación ordenada de huecos también recibe nombres como la andana, «la fila de ventanas o balcones que en cada piso o alto de un edificio sigue una línea horizontal» (MT).
13 Sobre las puertas interiores o exteriores es habitual colocar una ventana que ilumina el local aunque la puerta esté cerrada. Es el montante (MT), que se llama luneta cuando tiene forma semicircular (MM). Una función muy particular es la de la ventana abierta para escuchar sin ser percibido; es la escucha: «la ventana pequeña que había en las salas donde se reunían los consejos en palacio, por la que el rey podía escuchar lo que se trataba sin ser visto» (MM). Entre los huecos especiales que se abren en el interior no podemos olvidar a la popular trampilla: «ventanillo en el suelo para mirar al piso inferior» (RAE).


14 Algunas voces están específicamente relacionadas con la función de ventilar los locales. La más explícita es respiradero, «abertura o conducto por donde entra y sale el aire» (RAE), pero también debemos recordar la buhedera, «tronera, agujero», según el mismo diccionario, aunque su raíz procede de bufar (soplar), según Corominas. Por último, quedan algunas voces que recuerdan las aberturas en muros de defensa, pero que hoy se usan para definir ventanas muy estrechas, como la saetera, «ventanilla estrecha de las que se suelen abrir en la escalera y en otras partes» (RAE), o muy pequeñas, como la tronera: «ventana estrecha y pequeña por donde entra escasamente la luz», según la Academia.
15 El hueco a veces no se llega a definir como una forma nítidamente contorneada sino que se trata de un conjunto de perforaciones o calados que llevan, o no, un trasdosado de vidrios. Es el caso de la jemesía, que parece ser una celosía que se puede construir con materiales más gruesos: «enrejado de piedra, ladrillos, yeso o madera para dar luz y ventilación» (MM), o del espejuelo: «ventana, rosetón o claraboya, por lo general con calados de cantería, cerrados con láminas de yeso transparente » (RAE).
16 Celaje, la voz que encabeza el capítulo, alude también a alguna forma de protección. Celar es encubrir, ocultar, y celada, la pieza de la armadura que protegía la cabeza dejando descubierta la cara. Para celaje la RAE tiene una acepción como «claraboya o ventana, o la parte superior de ella». Pero si nos acercamos a la primera acepción, «aspecto que presenta el cielo cuando hay nubes tenues o de varios matices», podemos imaginar que celaje aún sería útil para nombrar los cerramientos de vidrio opalizado que «encubren, ocultan el interior y dan una luz similar a la de un cielo cuando hay nubes tenues».

Ignacio Paricio.

6.5.13

BEATA. LA CUBIERTA DE TEJA

Beata. La cubierta de teja
1 Solape. Solapo. Traslapo. Imbricado. Encaballado
2 Laja. Tejamanil
3 Ímbric. Teja romana. Cubrejuntas
4 Teja árabe. Canal. Cobija
5 Teja plana. Marsellesa. Alicantina
6 Teja vana. Lata por canal. Arjeute. Chillado. A torta y lomo
8 Beata
9 Aguilón. Bocateja. Luneta. Cornijal. De borde. De copete. Álabe. Canaliega. Canaliza. Tortuga
10 Roblón. Talón. Lomera. Muslera
11 Garabato. Orejuela

1 El tejado es una obra de construcción muy elaborada que protege a los edificios de la lluvia conduciendo las aguas fuera de su planta mediante la yuxtaposición de unas piezas solapadas y de elaborado diseño: las tejas. Solape es la palabra clave en esa construcción, en que cada pieza protege el borde superior de la pieza siguiente montando sobre ella.
Por eso tiene tantos sinónimos: solapo, traslapo, imbricado y encaballado. Las tejas resuelven la tremenda contradicción entre la exigencia de continuidad para evacuar el agua y la exigencia de libre dilatación para permitir la deformación de unas piezas sometidas a radicales cambios de temperatura. La continuidad de la evacuación la aseguran por solape, pero ese solape plantea problemas muy diferentes en elsentido de la pendiente y en el sentido que le es perpendicular.


2 En el sentido de la pendiente casi siempre se recurre al solape simple: una pieza plana monta sobre la inferior unos centímetros, más o menos según la inclinación del tejado, el régimen de lluvias, etc. Pero en el sentido paralelo a la pendiente la cosa es más complicada. El solape simple no suele bastar porque el agua, al ir bajando, puede moverse lateralmente e introducirse bajo la pieza vecina. Por ello las tejas totalmente planas exigen que la junta entre dos piezas esté protegida por la pieza de la hilada inferior, que se introduce bajo ellas cerrando ese hueco completamente. Eso supone grandes espesores, grandes consumos de piezas y, generalmente, cubiertas muy pesadas. Es el caso de las cubiertas de pizarra o de las lajas de piedra o, incluso, de madera, como el tejamanil centroamericano («tabla delgada cortada en listones que se emplea como teja», según lo define María Moliner), o de cerámica, como las escamas vidriadas del modernismo catalán.


3 Si los bordes de una teja plana se levantan formando una bandeja, las juntas entre dos de ellas se podrá proteger con un sencillo tapajuntas.
Esa teja hoy vuelve a ser utilizada, pero pocos recuerdan que tiene un nombre específico, según recoge Paniagua: *ímbrice. La RAE sólo cita imbricado, del latín imbricatus, cubierta de tejas. Lo valioso de esa voz, ímbrice, es que lleva en su raíz la idea de solape. La ímbrice es la teja romana, muy parecida a muchas de las empleadas en el Renacimiento italiano, donde, en algún caso, esa junta se cierra sencillamente con mortero. Habitualmente se tapa con una esbelta pieza en forma de U invertida que calza sobre las dos bandejas: el *cubrejuntas. (Los nombres históricos de estas tejas, ya completamente olvidados, pero que aún constan en algún diccionario, como el de Paniagua, son *tégula, *kalipter y *keramis).


4 El diseño de la teja árabe lleva un paso más allá su sofisticado diseño y soluciona ambas situaciones, bandeja y cubrejuntas, con la misma pieza. Para ello la pieza se abomba y adopta una forma troncocónica, de manera que unas piezas embocan dentro de las otras. La canal cumple el papel de la bandeja romana; se sitúa debajo, con la concavidad hacia arriba, y se enchufa dentro y sobre la inferior para solapar con ella. La cobija se coloca entre las canales, cubriendo la junta y envolviendo la de la hilada inferior para conseguir su solape.


5 La que comúnmente se llama teja plana resuelve la escorrentía entre tejas con un conjunto de pliegues y nervaduras que forman unas canales que impiden la progresión lateral del agua hacia el interior y la conducen fuera del área solapada, siempre sobre la teja inferior. La he oído llamar teja *marsellesa, quizás por influencia francesa. No obstante, y puestos a utilizar gentilicios, serían preferibles los españoles y denominarla *alicantina, como ya se hace en muchos lugares. En realidad, aunque es muy común en el Levante español, esa teja se usa en toda la Península y no especialmente en lugares poco lluviosos (es muy frecuente en Pontevedra, por ejemplo).


6 La manera de colocar las tejas da nombre a los diversos sistemas de cubierta. Si se apoyan en listones perpendiculares a la pendiente apoyando cada teja en uno arriba y otro abajo, se llama a teja vana. Cuando los listones son paralelos a la pendiente y cada teja-canal se dispone entre dos de ellos como en una camilla, se dice que está a lata por canal. Cuando se parte de un plano general de cubierta, el *arjeute (véase La carpintería de armar de E. Nuere) o chillado (chilla: «tabla delgada, de mala calidad», según María Moliner). Las tejas pueden amorterarse y se dice que entonces están colocadas a torta y lomo.
7 En los dos primeros casos se da por supuesto que el espacio inferior no es habitable, es decir, que no reúne las condiciones de confort necesarias para ser ocupado durante la mayor parte del año. Sin embargo, colocada la teja a torta y lomo, y en sus variantes contemporáneas de colocación sobre forjados inclinados, que son hoy las más frecuentes, se considera ese espacio como habitable. Se puede recurrir entonces a aislamientos térmicos con materiales muy eficaces, aunque se deben tener en cuenta dos objetivos que difícilmente se conseguirán: la evacuación de las humedades que atravesarán la cerámica, nunca absolutamente impermeable de forma relativa, y la evacuación de los tremendos calores que puede producir el soleamiento veraniego.
8 Por ello es tradicional la sustitución de algunas tejas cobijas por unas piezas especiales con una amplia boca a modo de bocina o toca monjil, son las *beatas, que dan nombre a este apartado. Una voz que llegó a ser popular pero que ha quedado asociada a las ventilaciones de cinc (T) y que Serra Hamilton definió como «pequeñas piezas que protegen unas aberturas de los tejados o cubiertas para ventilación del espacio entre la cubierta y el último techo o cielo raso».
9 El vocabulario del tejado es muy preciso, como se puede apreciar. La pérdida de esos términos acarrea también el olvido de algunas de las especifidades de la construcción tradicional: las tejas de corte especial como el aguilón, que se corta por ambos lados para acabar en punta el vuelo de la limatesa. O de colocación asimismo especial, como la bocateja, que es la primera de las tejas canales, la que vierte aguas al canalón, y que según el Torroja también recibe el nombre de *luneta. O lo que podría llamarse *cornijal o la teja *de borde, de difícil postura, que remata lateralmente el vuelo de los aleros, y hace de lambrequín y goterón. O la teja *de copete, que se coloca en el punto de intersección de varias limatesas no horizontales. O el álabe, teja dispuesta en voladizo, a veces en varias capas solapadas, para soportar el vuelo del alero. O, por último, la teja más alargada y estrecha con la que se forman las canales: la canaliega, «la teja más combada que las otras» (RAE), que se emplea para formar el canal de desagüe de los tejados. El Torroja distingue además una *canaliza, la teja usada en las limahoyas; y existe también una teja de tres brazos que sirve a la vez de canaliega y bocateja y a la que he oído llamar *tortuga (véase el diccionario de Corominas).
10 Pero incluso algunas partes de las tejas disponen de nombre, como el lomo, o roblón, que es su parte convexa y abombada (MM), o el *talón, que es su borde. El lomo da nombre asimismo a la teja árabe, que a veces se denomina *lomera. En Argentina la llaman *muslera, porque tomaba su forma aproximadamente troncocónica sobre el muslo del tejero.


11 La disposición a teja vana suma al peligro del viento el del desplazamiento de las tejas sobre las latas o las chillas. Por ello en este caso las tejas se fijan, como lo hacen siempre las pizarras, con un alambre que calza su parte superior, bajo el solape, y desciende por detrás de ellas hasta la lata. Por el dibujo que ese recorrido exige al alambre se le llama garabato, voz que los diccionarios sólo recogen como gancho para colgar algo. Algunas tejas, sobre todo las más planas, tienen un saliente especial con una perforación para facilitar su atado a los listones o cabios: es la orejuela, que la RAE sólo cita para ollas y tazas.
12 Hoy este tipo de cubierta de larga y sabia elaboración no está de moda. La elementaridad geométrica difundida por el Movimiento Moderno, las exigencias de transitabilidad provocadas por la escasez de espacio y la imagen abigarrada y lomuda de la teja árabe están dejando fuera de concurso una solución segura y duradera, que es aún la más utilizada. La pervivencia de la teja en la arquitectura culta parece estar condicionada a una geometría más tersa. Algunas formas de cubierta inclinada, como las chapas metálicas, sustituyen a la teja árabe para conformar superficies más planas. La teja plana, o alicantina, todavía tiene algún futuro por su sencilla volumetría. Quizás algunas formas nuevas de teja romana o ímbrice puedan competir, con su noble plano de fondo formado por las bandejas y el rayado ordenado de los cubrejuntas, en este exigente mundo de la tersura y planeidad.

2.5.13

ALBENDA

Albenda
Las protecciones del hueco
2 Albenda
3 Hoja practicable
4 Postigo. Contraventana. Abatidor
5 Pernicho. Puertaventana
7 Cuarterón. Lucero
8 Celosía
9 Romanilla. Mucharabí
10 Persiana Mallorquina
11 Librillo
12 Persiana de cuerda. Persiana enrollable. Bombo. Capialzado
13 Lamas. Frailero
14 Veneciana
15 Guardamalleta
16 Brisoleil. Parasol
17 Cortina. Colgadura. Galería. Alzacortinas. Visillo
18 Estor
19 Guardapuerta. Antepuerta. Sobrepuerta
20 Portier. Mampara. Pleita
21 Compuerta
22 Cancel
1 Las transformaciones de la ventana podrían dibujar la historia de la arquitectura de este siglo. Han cambiado sus formas, sus materiales y sus proporciones en la fachada. Pero la transformación más radical ha sido probablemente la que ha supuesto la pérdida de todos sus complementos. La ventana se ha desnudado de todas sus protecciones hasta quedar reducida a un mínimo y escueto acristalamiento.
Los complementos de la ventana burguesa formaban a fines del XIX un completísimo paquete de recursos con los que podía diseñarse el filtro más adecuado para cada estación, cada actividad, cada momento del día.
2 Albenda, la voz que encabeza este artículo, nos recuerda uno de los más modestos, pero también uno de los más eficaces recursos para la protección del hueco: la cortina de lino dispuesta en el interior de la ventana para reflejar la radiación solar e impedir su paso hasta el interior del edificio gracias a su trama y color (recuérdese que el efecto invernadero sólo afecta a la radiación emitida por el cuerpo y no a la reflejada). La RAE la define como una «colgadura de lienzo blanco usada en lo antiguo, con adornos a manera de red o con encajes de hilo...». Su origen está en la voz árabe de estandarte o bandera. Bien, puesto que todos estos temas han sido tratados ya en el primer tomo de esta serie, La protección solar, aquí sólo comprobaremos el paralelismo entre la reducción de esos complementos del hueco y la de nuestro vocabulario para referirnos a ellos. Este capítulo recorrerá todas las protecciones perdidas, o ignoradas, y reivindicará un análisis más serio de las exigencias del hueco en la cultura y en el clima mediterráneos.


3 Pero procedamos ordenadamente y acerquémonos a esa ventana de nuestros abuelos. Imaginemos una ventana acristalada formada por una o más hojas practicables, es decir, que pueden abrirse. El acristalamiento permite la generosa entrada de luz pero el primer complemento será el que haga posible el oscurecimiento de la habitación.
La solución son unos tableros de madera que se articulan sobre la misma hoja y que tapan los vidrios. Pueden disponerse por dentro o por fuera de las hojas. Si bien la disposición interior es más cómoda para la manipulación de la hoja, la exterior proporciona más seguridad para el vidrio. Los diccionarios son confusos a la hora de distinguir entre las voces que se utilizan para nombrar ambas soluciones, pues se alternan las voces que las localizan en el exterior y las que las sitúan en el interior, o bien se muestran ambiguas al respecto.
4 Postigo es la voz más interesante y la más claramente localizada en el interior de la ventana, (del latín postícum, formado con post, detrás).
Sin embargo, para muchos es sinónimo de contraventana, que, aunque para Matallana debería estar siempre en el exterior, para la RAE tanto puede estar dentro como fuera del vidrio. Se usa menos, pero es también interesante, la voz *abatidor, que alude al gesto del tablero que cae sobre la luz reduciendo su intensidad. El abatidor puede utilizarse también como captador de luz si su intradós está forrado de un material reflectante y si el giro se hace de manera que se pueda conseguir la reflexión adecuada. Las estrechas calles del casco antiguo barcelonés todavía tienen testimonios de esos viejos reflectores.


5 El postigo tenía muchas otras funciones además de las ya referidas de oscurecimiento y protección del vidrio: reducía notablemente las pérdidas térmicas nocturnas al formar una cámara de aire con la hoja y contribuía eficazmente a la protección acústica y a la seguridad. El Torroja cita *pernicho como sinónimo de postigo y la RAE considera puertaventana como idéntica a contraventana.
6 Cuando hoy hablamos de una ventana corredera nos referimos siempre a la hoja que se desplaza en su propio plano, pero originalmente la corredera era «la tabla o postiguillo de celosía que corre de una parte a otra para abrir o cerrar» (RAE). Matallana confirma la antigüedad de esta acepción: «tabla que se corre para cerrar una puerta o ventana».


7 En las buenas carpinterías, y para poder controlar mejor la iluminación, se podían abrir algunos elementos móviles dentro de la hoja del postigo.
Se les llama a veces cuarterón porque se trataba de uno de los paneles del mismo nombre que formaban el postigo. Antiguamente era habitual hacer practicable un cuarterón de los más altos del postigo de manera que se conseguía una eficaz entrada de luz sin pérdida de la intimidad. A ese elemento se le llamaba también lucero, por razones evidentes: «postigo o cuarterón de las ventanas por donde entra la luz» (RAE).
8 Como ha podido adivinarse, el principal inconveniente del postigo o contraventana es su radicalidad. Cuando está cerrado no entra nada de luz y no se percibe lo que pasa en el exterior. Un elemento bellísimo va a resolver el problema permitiendo matizar el exceso de luz y ver sin ser visto: la celosía (de celos) o «enrejado de listoncillos de madera o de hierro que se pone en las ventanas de los edificios y otros huecos análogos para que las personas que están en el interior de la casa vean sin ser vistas» (RAE). La celosía, jemesía dice algún vocabulario, es la solución por excelencia para un hueco de planta baja que se abre a un espacio público, pues permite una perfecta combinación de intimidad, visión y ventilación.


9 Cuando la celosía forma un paramento horizontal de cierta longitud se llama romanilla, «cancel corrido a manera de celosía que se usa en las casas de Venezuela, principalmente en el comedor» (RAE), y cuando cierra por completo todos los paramentos de un balcón o mirador se llamaba ajimez (del árabe: lo expuesto al sol), pero este nombre se ha trasladado modernamente a la ventana geminada (P), que veremos en otro lugar. Para el Torroja la voz *mucharabí es sinónima del antiguo ajimez: «balcón que sobresale al exterior, cubierto por celosías de madera».


10 Pero la celosía presenta la incomodidad de impedir una relación directa con el exterior, pues forma una especie de reja difícil de admitir en muchos locales contemporáneos. Su sustituto es la persiana, la celosía que puede retirarse del hueco e incluso graduar su opacidad: «especie de celosía compuesta de un bastidor con varias tablillas movibles de modo que entre el aire y no el sol» (MT). El sistema de manipulación da nombre a los diversos tipos de persianas: la más tradicional es la que se forma disponiendo tablillas inclinadas dentro de una hoja practicable y que en algunos lugares se llama ‘mallorquina.


11 Para ocupar menos espacio se utilizó mucho a fines del XIX el plegado de varios marcos verticales hacia los lados del hueco; se trata de la persiana de *librillo que caracteriza la vivienda de nuestros ensanches: «se aplica a la hoja de una puerta o ventana que se dobla girando, y en la cual hay otra colgada que gira igualmente que ellas superponiéndose esta parte de la hoja a la otra» (MT). Es una pena que la RAE sólo reconozca el librillo del papel de fumar.
12 En construcciones anteriores o en ambientes rurales, la persiana estaba casi siempre formada por tablillas sin marco, unidas por cadenillas o alambres que permitían el enrollado del conjunto en la parte superior del hueco. Es la tradicional persiana de cuerda. A partir de los años veinte se difunde en ambientes urbanos la persiana enrollable manipulable desde el interior con una cinta y con recogida oculta en un *bombo o cajón situado bajo el dintel. Lo que en Madrid, por desplazamiento del derramo volteado en el dintel, se denomina capialzado (el significado de esta voz se estudia en el capítulo Telar).


13 Las tablillas a que nos estamos refiriendo eran de madera pero hoy se están construyendo con plásticos (PVC) o con aluminio, y se suelen llamar lamas. Si las lamas son fijas, como hemos supuesto hasta ahora, el control de la luz y la visión serán escasos. Para poder ver el exterior sin abrir por completo la persiana se utilizó una solución que recibe el nombre de frailero. En realidad es un nombre genérico para todos los elementos practicables dentro de una hoja que también lo es. Incluiría por lo tanto el cuarterón, pero el frailero se ha identificado un poco más con los elementos de celosía o de persiana. Pueden verse fraileros en persianas de cierto tamaño y sobre todo en celosías fijas.
14 Pero para conseguir un control completo de la luz y la visión, tendremos que recurrir a las persianas de lama móvil. Algunas son idénticas a las descritas como de marco practicable o de librillo, pero otras aportan soluciones especiales, como la *veneciana. Se trata de una persiana formada por tablillas muy finas colgadas de unos hábiles cordoncillos que permiten tanto el apilado de las lamas en la parte superior de la ventana como su libre orientación en cualquier posición del desplegado.
Esta persiana ha sido muy utilizada en el Levante y el sur de España. Hoy está encontrando un nuevo desarrollo con las modernas lamas de aluminio y los sistemas mecánicos de plegado.


15 La veneciana se recogía en el dintel tras una pieza muy ornamentada: la guardamalleta, una lámina de madera calada, chapa perforada o, incluso, de fundición. El abandono de la persiana veneciana y el mal trato recibido por algunas bellísimas guardamalletas son un contrapunto penoso en el precioso entorno del valenciano Paseo de Ruzafa. Resulta incomprensible que no se haya encontrado en esta ciudad una manera de resolver unas protecciones contemporáneas de manera que puedan recogerse en el cajón ya conformado por la guardamalleta en vez de superponerse groseramente al mismo, como se hace con frecuencia.
16 No podemos cerrar las protecciones contra el sol sin mencionar el galicismo *brisoleil. No lo citan muchos diccionarios pero se usa con bastante frecuencia por influencia de la arquitectura del Movimiento Moderno, que utilizó elementos constructivos como vuelos horizontales o paramentos verticales para impedir que el sol llegase a las ventanas. Aunque para ese papel ya tenemos el castellano parasol, éste se ha asociado demasiado a quitasol o sombrilla. Es previsible, pues, que se consolide el éxito del brisoleil, pero no es deseable que amplíe su campo a variantes de la persiana que tienen nombres muy específicos en nuestro idioma.


17 A estos elementos constructivos se añadían otros de carácter más doméstico, como las pesadas cortinas que complementaban definitivamente la protección nocturna contra el frío, o como los inefables visillos que matizaban la transparencia de los vidrios. Los tejidos han tenido una misión protectora más importante de lo que hoy creemos. María Moliner, cuando los define, hace mención a ello (cortina: «pieza de tela que se cuelga como adorno o para abrigo»; colgadura: «tela que se pone colgando para adorno o para evitar el paso del aire»). Las eficaces cortinas penden de unas guías ocultas tras una caja de madera forrada de tela, la galería, y se recogen lateralmente con el alzacortinas, que cuelga de un gancho fijo a la pared. El visillo, por fin, impide la visión desde el exterior y tamiza la luz.
18 En la actualidad se ha añadido el estor, anglicismo ya reconocido por la Real Academia como la «cortina de una sola pieza que se recoge verticalmente ». Se utiliza esa voz sobre todo para designar las cortinas de tejido con una trama tal que permite la observación del exterior y sin embargo protegen notablemente de la radiación solar. Generalmente se enrollan en la parte superior del hueco, tal como especifica la RAE, y pueden colocarse en el interior o en el exterior del edificio.
19 Los diccionarios recogen voces como guardapuerta «cortina que se pone delante de una puerta» (RAE); *antepuerta, es sinónima para María Moliner pero no para la RAE, que únicamente la entiende como la segunda puerta de una fortaleza; o sobrepuerta, la «colgadura en forma de volante que se pone sobre las puertas» (MM). Pero la voz que merece ser recordada por encima de todas ellas es la bellísima albenda, que da nombre a este capítulo.
20 Incluso se aceptan voces como la de origen francés portier: «cortina pesada y lujosa, de las que se colocan delante de una puerta o balcón» (MM). O una de las acepciones de mampara: «segunda hoja de puerta que se pone aplicada a la principal y suple a ésta cuando queda abierta por algún tiempo, formada generalmente por un bastidor de tela o piel, oscilante», según María Moliner. No querría olvidar las viejas persianas de esparto que he visto en tantos pueblos y que están hechas con tiras de pleita, «faja o tira de esparto que cosida con otra forma esteras» (MM).


21 El diseño de las hojas practicables de las puertas y ventanas también se ha simplificado mucho. Por lo que se refiere a las puertas tradicionales las había que se abrían en dos mitades superpuestas, como lacompuerta: «media puerta que cierra solamente la parte inferior de alguna entrada, sólo para impedir el paso fácil de personas o animales, sin interceptar el de la luz. En una puerta partida horizontalmente en dos partes que pueden moverse independientemente, la parte inferior» (MM).
22 La puerta principal exige soluciones más complejas. Uno de los elementos más interesantes es la doble puerta como protección de la intimidad o contra la corriente de aire. Hoy utilizamos soluciones de este tipo, pero pocos recuerdan qué es el cancel: «dispositivo añadido a una puerta para evitar las corrientes de aire dentro del recinto cuando ésta se abre; por ejemplo, el formado por un techo y tres paredes, con puertas en las dos laterales» (MM).
23 Pero además todos esos filtros pueden interponerse a voluntad: en todo momento puede el curioso asomarse al exterior; el que limpia puede ventilar la habitación; o el somnoliento, encerrarse en la más absoluta oscuridad. Todos esos inteligentes filtros son graduables u orientables.
La falleba alargada fija la distancia entre las hojas entreabiertas y permite ventilar sin perder la protección que proporcionan. Las persianas de cuerda se proyectan por fuera de la barandilla del balcón para que el aire pase por detrás de ellas. Una hoja de librillo se despliega, la otra quizás no, para formar una pantalla frente a un sol que cae lateralmente. Las lamas de las persianas movibles se orientan abriendo las inferiores para que entre más luz sobre el plano de trabajo mientras que las más altas quedan semicerradas para proteger del sol, permitiendo sin embargo una refrescante ventilación. Visillos y cortinas se pliegan, levantan, pellizcan y recogen para conseguir la luz e intimidad deseadas.
24 No será fácil que los sorprendentes vidrios que hoy se nos anuncian consigan esa ductilidad en su papel de filtro y protección; nunca podrán ofrecer esa sutilidad de matices para que clima, sol, luz, vista e intimidad se conjuguen para la mayor satisfacción de un individuo que en un momento específico del día y del año, en un estado anímico particular, realiza una acción concreta. La normativa, que siempre llega del frío porque siempre se mueve por los caminos que se le señalan en el norte de Europa, difícilmente nos llevará a mejorar ese equipamiento de nuestras ventanas. El uso de contraventanas correderas, de venecianas entre carpinterías dobles, de las todavía caras venecianas orientables en cámara de vidrio y otros muchos recursos convencionales serán fructíferos durante muchos años.
25 En cualquier caso sí se debe tener en cuenta que la elemental lámina de vidrio que estamos usando con tanta liberalidad supone un gravísimo retroceso respecto a las protecciones convencionales. Estamos recurriendo a vidrios carísimos en situaciones en las que la sencilla albenda nos ofrecería una solución eficaz por la calidad de la luz que la atraviesa, por su altísima reflexión de la radiación infrarroja (que reduce radicalmente el efecto invernadero), porque es útil tanto con la ventana abierta como cerrada, por la facilidad con la que puede abrirse, o entreabrirse, cuando interesa captar la radiación. Recuerden, albenda: cortina de lino...

Ignacio Paricio